Si hablamos de soluciones de videovigilancia, lógicamente el primer mercado objetivo que nos viene a la cabeza es el ya mencionado de las empresas de seguridad. Pero, como decimos, no son las únicas que pueden sacar provecho de sus posibilidades. La experiencia de los fabricantes de este sector dictamina que gestionar recursos, realizar inventarios, analizar conductas de compradores, controlar procesos industriales, realizar practicas de tiro a distancia e incluso para controlar y fotografiar las migraciones de la fauna de un parque natural sin tener que molestarla, son sólo algunos de los ejemplos, y reales, que pueden hacer un uso intensivo de estas herramientas.
Es decir, que las posibilidades que ofrecen los productos de vídeo IP son múltiples, de manera que quizá sólo nuestra imaginación sea la limitación a su aplicación a diversos campos.
Eso sí, como en toda tecnología, hay sectores que parecen más interesados y son más proclives a la adopción e incorporación de dichas herramientas. Por citar sólo algunos, podemos pensar en la educación (para la detección y análisis de conductas delictivas o control de asistencias), el comercio minorista (conteo de personas, control de stocks, análisis de conductas de compradores, control del manejo de las cajas), industria (control de procesos) y transporte (acciones delictivas, prevención de actos terroristas), sin pasar por alto las Administraciones Públicas (protección de edificios públicos y del Patrimonio y por el control de tráfico).
Y, por supuesto los particulares que también apuestan por este tipo de soluciones, y pese a que el objetivo último puede ser similar, los sistemas para usuario final son mucho más sencillos que para aquellos destinados a un uso más profesional, ya que se necesita mejor calidad de imagen, grabación de las imágenes durante un período determinado, infrarrojos, altavoz…
Así pues, cualquier empresa que quiera proteger a sus clientes, empleados o bienes frente a posibles amenazas a la seguridad puede apostar por este tipo de soluciones, pero teniendo en cuenta que, en función del tipo de empresa que sea, las amenazas a las que tendrá que hacer frente serán diferentes. Y es que suele ser raro que una empresa o negocio no esté expuesta a amenazas a la seguridad, aunque éstas sean de diferente naturaleza, por lo que prácticamente cualquiera puede beneficiarse de la implantación y uso de un sistema de videovigilancia.
Desde la solución más básica…
Así pues, y una vez determinado que casi cualquiera puede incluir una solución de videovigilancia, hemos querido conocer cuál sería la solución más básica que podemos contemplar.
De esta forma, una solución básica de videovigilancia podría estar compuesta por una única cámara IP que vigile la puerta de entrada de nuestro negocio y que estuviera conectada a internet a través de un router ADSL con una dirección IP fija. Al tener la cámara su propia dirección IP, para poder ver las imágenes sólo tendríamos que conectarnos a internet desde cualquier ordenador, teclear la dirección IP de la cámara en la barra de direcciones del navegador e introducir los datos de nombre de usuario y contraseña. Al ser una solución básica, únicamente podríamos ver las imágenes en directo, en el mismo momento en el que éstas se están produciendo, ya que no se produciría ningún tipo de grabación.
… hasta la más compleja
Pero si lo que necesitamos en algo más complejo, entonces estaríamos hablando de una solución que ya estaría compuesta por varios tipos de cámaras (fijas, minidomos, cámaras robotizadas, inalámbricas…) además de un software de gestión y grabación instalado en un servidor.
Por supuesto, esta instalación también podría incorporar otros dispositivos, como focos de infrarrojos (para poder captar y grabar imágenes en total oscuridad), relés (para activar la grabación de alguna de las cámaras cuando se abre una puerta, por ejemplo), sirenas (que se activen cuando alguna de las cámaras detecte que se ha producido algún movimiento)…